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The How of Happiness ("Cómo ser Feliz"), de Sonja Lyubomirsky

The How of Happiness ("Cómo ser Feliz"), de Sonja Lyubomirsky

Tal vez quepa iniciar esta reseña con un comentario de insider. Entre la comunidad internacional de psicólogos positivos, The How of Happiness es tal vez el segundo o tercer libro más popular de Psicología Positiva, cediendo el liderato sólo a A Primer in Positive Psychology, de Chris Peterson, y al (ya casi venerable y fundacional) Authentic Happiness, de Martin Seligman.

 

Pero antes de que el lector llegue a conclusiones apresuradas, debo advertir que el término popular no necesariamente significa aceptado. Discutiremos un poco más adelante los aspectos que se discuten más (en pro o en contra) de este volumen.

 

Como paso previo, es imprescindible hacernos una idea del contenido de este libro, su estructura y selección de temas, y por encima de todo ello, su propósito. Como suele hacerse en los círculos literarios, considero útil tratar de establecer el objetivo que la autora persiguió al escribir, y evaluar el libro como un todo, en función de cuánto se ha logrado (o no) del objetivo inicial.

 

A diferencia de libros que implicaron esfuerzos tan titánicos como probablemente prematuros, como Character Strengths and Virtues (de los ya mencionados Peterson y Seligman), o del voluminoso Handbook of Positive Psychology (de Rick Snyder y Shane Lopez), publicados en 2004 pero probablemente  terminados el año anterior, a sólo tres años de la fundación de la Psicología Positiva, The How of Happiness (primera edición del 2007) es quizás uno de los primeros frutos maduros del campo de la ciencia de la felicidad. La doctora Lyubomirsky se tomó su tiempo y esto dice bien de ella y de su celo por el sustento científico.

 

¿Cuál es, pues, el propósito de esta obra? Como bien señala su título, se trata de indicar al lector algunas de las rutas prácticas que puede emprender en su viaje hacia su propio florecimiento personal. Es un trabajo focalizado en el cómo, a diferencia de otros que más bien inciden en el qué y el por qué, y por lo tanto está dirigido a aquel lector que ya está relativamente convencido de las bondades que puede ofrecerle la Psicología Positiva, o al menos, está favorablemente dispuesto hacia ella.

 

Podría pensarse que tal meta llevaría a la autora a redactar un libro accesible, concreto, y específico, y ese es realmente el caso. Pero --y esto es encomiable-- el trabajo de Lyubomirsky es además mentalmente abierto y científicamente fundamentado. Quizás estas dos últimas características hayan sustraído al libro de un éxito de ventas aún mayor del que goza desde ya, pero, en compensación, le ha permitido ganar una base mucho más amplia de adeptos por el lado académico, y esto probablemente haya pesado bastante en la mentalidad de su autora, quien es, al fin y al cabo, básicamente una investigadora.

 

Se trata de un esfuerzo mentalmente abierto pues incorpora con bastante desprejuicio los beneficios de la espiritualidad y lo religioso como vías válidas hacia el florecimiento individual, por ejemplo. Esta inclusión le debe haber granjeado a Lyubomirsky un resultado agridulce: si bien ha significado que su lectoría en general se incremente, también ha conseguido atraer sobre sí cierta cantidad de crítica adversa de parte de un sector de psicólogos del mundo académico, donde, como es bien conocido, no son raros quienes asumen una postura liberal y ven con cierto recelo todo lo que pueda interpretarse como promoción de lo religioso, aunque se trate --como en este caso-- más bien de una descripción de hecho, fruto de al menos ciertas investigaciones, y no de una opinión personal (de hecho, la autora se autodescribe como “la persona menos espiritual que conozco”).

 

Ciertos lectores se habrán percatado de cierta contradicción entre los dos párrafos anteriores: mientras en el penúltimo afirmo que la profusión de sustento investigativo ha generado apoyo de la Academia hacia esta obra, en el segundo describo el relativo desdén y suspicacia con que al menos cierto sector de ese mismo mundo académico ha tratado los resultados en los que la autora basa su inclusión de lo espiritual-religioso como una de las vías hacia la felicidad.

 

Es a esto a lo que me refería al afirmar que The How of Happiness es más bien popular y discutido, antes que sencillamente aceptado.

 

Pues bien, vayamos al análisis de los temas incluidos en el libro.

 

En primer lugar, Lyubomirsky centra a su lector en la cuestión más aguda entre las que se hayan implícitas en su contenido: ¿De verdad es posible hacer algo concreto para llegar a ser más feliz? Nos parece acertadísima la elección de este tema como punto de ingreso al libro. Los lectores somos seres del género curioso y a menudo esa curiosidad es también algo negativa: no sería extraño que más de uno leyese el libro con los anteojos del escepticismo firmemente plantados sobre la nariz. La autora hace lo posible por persuadirnos, más que argumentando, centrando el tema en lo que la ciencia ha hallado como felicidad real. Esperamos que al menos algunos de los sencillos y difundidos mitos con los que muchas personas asocian el concepto de felicidad caigan al final de esta sección.

 

Hasta aquí la disquisición. Como anotáramos al principio, este libro es práctico, como debe ser. Por lo tanto, luego de haber ponderado la cuestión de si se puede o no ser más feliz, se nos induce a evaluar cuán felices somos, y cómo podemos elegir el camino hacia la felicidad que mejor se adapte a nuestras características.

 

Esta idea es, a nuestro parecer, clave. Su omisión haría de este libro un catálogo, una enumeración más o menos erudita de los modos que otra gente ha hallado para ser feliz. Es, por el contrario, un manual, un “hágalo usted mismo”, y por consiguiente se nos invita a elegir el modo, que es, después de decidir si se puede hacer algo en pro de nuestro propio bienestar, el segundo paso lógico.

 

Luego viene la exposición de las “actividades de felicidad”. Según los resultados de la sección previa, es posible para el lector ocuparse en leer tan sólo el o los capítulos correspondientes a las actividades con las que se sienta más afín. Esto es especialmente conveniente al haberse hallado que quienes fuerzan sobre sí mismos una actividad que sienten como poco natural terminan sintiéndose mucho peor (incluso físicamente enfermos). La espontaneidad es una de las bases del bienestar.

 

Por último, Lyubomirsky dedica algunas carillas a describir algunas “recomendaciones generales” y algunas consideraciones finales acerca de los modos en que se puede llegar a ser más feliz.

 

Como tal vez haya quedado claro a lo largo de esta reseña, recomendamos la lectura de este libro. Sin embargo, es preciso subrayar que, tomado en serio (como juzgamos debería ser el caso), este volumen es bastante retador y no deja lugar a la pasividad. De modo que se deberá desterrar la idea de que la felicidad es resultado de la obtención de algo; por el contrario, se parece mucho más a un ejercicio regular y constante  de ciertas actitudes y hábitos de pensamiento. Es un viaje, más que un destino.

 

Como bien dijera Peterson: “la Psicología Positiva no es un deporte de espectadores”.

 

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